Puntos de vista 3 Marzo 2013
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El ocio creador

Mateo Morrison

Millones de ciudadanos pertenecientes a algunos países europeos están en paro forzado resultando un fracaso la política de pleno empleo.

El bienestar material que permitía auscultar el ocio como una conquista a la que aspiraban los países del Tercer Mundo, se ha ido convirtiendo en una crisis que ha hecho tambalear los cimientos de una región que corresponde a la llamada civilización occidental.

El ocio ligado en las culturas greco-latinas al esplendor de la filosofía, las artes y las letras hizo decir a Aristóteles en su libro La Política: “En el principio de toda buena acción está el ocio”.

Sócrates fue considerado el ocioso por excelencia y Platón continuó perfilando la teoría orientada a justificar a su maestro, quien se pasaba el día en la plaza pública buscando la verdad a través de la mayéutica y desafiando a los sofistas. Con esto le daba un sentido de utilidad a lo que comúnmente se consideraba inútil. Así se sentaron las bases del conocimiento en que se cimentó Europa como guía del saber elaborado y complejo. A través de la ciencia se erigían las bases de las grandes transformaciones en el pensamiento y su aplicación a los ciudadanos, pues los esclavos no tenían acceso al ocio. El desarrollo material estaba en los hombros de una legión sometida a una condición más cercana a la animal que a la humana.

En esas teorías el criterio de tiempo libre remitía al mundo clásico y lo hace con un trasfondo literario y poético. Pero la realidad es más rica que todas las formas de abstracción y eso nos obliga a buscar cada vez más en la historia, experiencias significativas. Lograr en las leyes de los países más desarrollados una jornada laboral de 8 horas representó sangre, sudor y lágrimas. Los mártires de Chicago no podrán ser nunca olvidados cuando tratamos esta temática. 

Todavía millones de niños en vez de estar en las escuelas, están laborando en forma infrahumana en las zonas rurales o llegando a la mendicidad en las urbes. El ascenso de la mujer a sus derechos ha sido la mayor ñy diría yo que la más hermosañ de las revoluciones, pero persisten aún en muchos países de occidente, discriminación en los salarios a las mujeres con respecto a hombres que hacen el mismo trabajo.

¿No es acaso el reto mayor de nuestro tiempo volvernos más humanos? 

Compartir el trabajo y el descanso para todos. Distribuir la carga diaria entre hombres y mujeres en real equidad. Retomar formas de utopía que incluyan lo medioambiental, lo educativo y cultural en un solo eje y despertar la creatividad de los nuevos filósofos, sin hacer descansar la producción en esclavos de la cotidianidad, de la desesperanza y la pobreza, que por siglos llenaron las arcas de una Europa que desprecia el ocio filosófico con un pragmatismo neoliberal, ausente de innovación y humanismo.

Busquemos en todas las culturas el saber ancestral ya sea en África, Asia, Oceanía, América o Europa para lograr cierto equilibrio donde trabajo, descanso y recreación sean para todos.

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