Puntos de vista 21 Septiembre 2012
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EN POCAS PALABRAS…
Electricidad y desarrollo
Juan Guiliani Cury

Indudablemente que el sistema eléctrico del país es el talón de Aquiles de la economía. El sector aún no llega a solucionarse en el sentido de que el país disfrute de un sistema de producción y distribución eléctrica estable y competitiva. La nación dominicana lleva más de cuatro décadas padeciendo de un déficit eléctrico que aún no ve una luz final en el túnel como para decir que este dolor de cabeza llegó a su término. Sería muy difícil para el país tener una economía eficiente y sostenible que pueda competir en el escenario de la globalización económica. No es un secreto que el sector energético dominicano opera en base a una alta y creciente dependencia de fuentes de energía de origen externo, como lo es el petróleo y últimamente en menor proporción de otros combustibles fósiles como, el carbón mineral y el gas natural, las cuales en su conjunto representan alrededor de las dos terceras partes del consumo nacional.

Otras fuentes de generación son las hidroeléctricas, la leña, el carbón vegetal y la biomasa. En los últimos años, han surgido proyectos de energía alternativa, como la eólica y la solar, para mencionar los dos más comunes. Un estudio que cita números aportados por la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE-2008) da cuenta que de 50.21 millones de barriles de productos de petróleo que se importaron en el 2007, arrojó una factura de USD3,267 millones, cifra que representó el 8,9% del PIB y el 25,6% de las exportaciones para ese año. Pero para este año, las proyecciones si se mantienen los precios actuales del petróleo, la factura energética pudiera ascender a los USD6,000 millones, cifra que representa un 35% de los ingresos por concepto de las exportaciones nacionales. Para terminar, me voy a permitir citar unos párrafos de un estudio no divulgado que dice en una de sus partes lo siguiente:

“La situación precedentemente citada y la convergencia de otros factores coyunturales y estructurales en el ámbito energético de nuestro país, han impedido no solo el esfuerzo de inversión requerido para el necesario proceso de desarrollo y diversificación del sector energético, con la necesaria orientación hacia una cultura de eficiencia y ahorro, conservación energética y aprovechamiento de las fuentes renovables de energía, sino que ha determinado un resultado de una significativa reducción en la disponibilidad de los recursos necesarios para impulsar importantes reformas sociales vinculadas a los objetivos del Milenio, relacionados con el mejoramiento de la calidad de vida y el desarrollo humano del pueblo dominicano”.


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