Si yo transformara mi manera de pensar hacia los otros, me sentiría más sereno. Cuántas inquietudes surgen en el corazón y en la mente de los seres humanos cuando ve a los demás; sus inquietudes ante sus defectos hacen que uno se sienta también atormentado.
Si uno pensara en los demás, en sus valores, en las dimensiones positivas que tiene una persona, uno se sentiría más tranquilo y seríamos más equilibrados.
Cuántas veces nos acercamos a un ser humano con prejuicios y nunca descubrimos su verdad y su realidad; cuántas inquietudes -repitamos- nacen en nuestros corazones, porque nosotros miramos a los demás desde nuestra óptica, y hay muchos sentimientos negativos que no nacen del otro, sino de nosotros mismos.
Si nosotros miráramos a los demás con las virtudes y valores que tienen, nosotros estaríamos más tranquilos y nuestras vidas y nuestro pensar, y nuestras acciones y actitudes hacia los demás serían más diferentes, seríamos diferentes y serían ellas también más diferentes, y nosotros seríamos y estaríamos más serenos.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.