Puntos de vista 21 Febrero 2007, 11:11 PM
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Muchachos y muchachas del Cuerpo de Paz
Carlos Morales Troncoso

El presidente John Fitzgerald Kennedy fue un precursor de la nueva ola de interés que en nuestros días mueve el mundo en todas las latitudes. Impregnó a su nación y al mundo de una espiritualidad que habría de influir tanto o más que sus logros de gobierno.  Su reacción a la imagen de la presencia de ciudadanos  norteamericanos en el exterior, y particularmente en los países  en desarrollo, tal como se proyecta  en el libro “The ugly american”, de Lederer y Burdick, fue la creación de una nueva diplomacia: El contacto de pueblo a pueblo, cara a cara.

El Presidente oficializó con la creación del Cuerpo de Paz un modo de interacción y de cooperación internacional no conocido ni puesto en práctica antes en ninguna época ni en ningún otro país. Fue la implementación de una política exterior que desbordó por su humanismo y espiritualidad a la tradicional diplomacia de salón y a la política exterior llamada de buena vecindad.

Fue ese acto el que materializó positivamente el idealismo con que John Kennedy marcó una nueva época en las relaciones internacionales y abrió  un camino expedito, de dos vías, que dio paso al trato y conocimiento que los norteamericanos debían tener de otros pueblos y que a la vez las comunidades locales de distintos países pudiesen conocer directamente a los norteamericanos comunes de carne y hueso, sus sentimientos, conocimientos y habilidades para hacer cosas y así aprender enseñando.

Creo que el actual Director del Cuerpo de Paz, en República Dominicana, Romeo Massey, lo ha puesto magistralmente en sus palabras en el programa de esta actividad: “Peace Corps, Always Beginning”.

Estamos convencidos de que los jóvenes, de todas las edades, que se han integrado  a las misiones del Cuerpo de Paz para servir, aprender  y contribuir  al desarrollo han hecho  más por “vender” la auténtica  imagen del pueblo de los Estados Unidos, que todos los esfuerzos diplomáticos tradicionales e inclusive más que los programas de publicidad para ofertar al turismo internacional  la mejor imagen de los Estados Unidos, de su espléndida naturaleza, de su cultura, y de los logros materiales de esa gran nación.

El gobierno y el pueblo de la República Dominicana  aprecian la presencia de los “muchachos  y muchachas”  del Cuerpo de Paz con la más sincera gratitud. En este nuevo trato con las relaciones entre ciudadanos comunes, sin cargos oficiales de gran prestigio y de salarios altos, la gente aprendió a aceptar y a amar a los norteamericanos por lo que son, en su gran mayoría, gente sencilla, servicial, con altos ideales y unas ganas inmensas de comprender y de ser comprendidos.  En esas relaciones de los voluntarios con sus anfitriones se descubren las íntimas convicciones y los valores espirituales que animan a estos colaboradores.

No deseo terminar este artículo sin referirme por sus nombres propios a Chris Dodd y a Joe Kennedy que son ejemplos notables de ese recurso inestimable que es el Cuerpo de Paz.

Bienvenidos, pues, ahora como hace cuarenta y cinco años, y albergo la esperanza de que podamos celebrar por muchos años más su presencia colaborativa que se inicia y renueva con la llegada de nuevos  voluntarios.

¡Bienvenidos!, reiteramos, y muchas gracias por su presencia, por su ayuda y por su amor a nuestra patria, expresado en el trato respetuoso, comprometido y amigable con nuestros ciudadanos más humildes y con quienes tienen mayor necesidad de apoyo solidario.

El autor es Secretario de Estado de Relaciones Exteriores

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