TEL AVIV.- El empresario judío estadounidense Morris Talanski, acusado de entregar grandes cantidades de dinero de manera ilegal al primer ministro israelí Ehud Olmert durante su mandato como alcalde de Jerusalén (1993-2003), negó ayer que intentara sobornar al líder.
En una entrevista con el Canal 10 israelí, aseguró que otorgó esas grandes cantidades de efectivo a Olmert como contribuciones para su campaña y no como intento de soborno, y añadió que no tiene intereses comerciales en Israel. Nada fue “ilegal o erróneo”, manifestó.
En una conferencia de prensa convocada tras las acusaciones, Olmert reconoció haber recibido donativos para sus campañas electorales, pero aseguró que los pagos se efectuaron en el marco de la legalidad. “Nunca acepté sobornos. Nunca me quedé ni con un penique para mí”, dijo en su oficina en Jerusalén.
Olmert aseguró al mismo tiempo que dimitirá si se presenta una acusación judicial contra él. “He sido elegido por ustedes, ciudadanos de Israel, para ser primer ministro, y no pienso escapar a dicha reponsabilidad. Pero, al mismo tiempo, y aunque la ley no me lo exija, abandonaré mi cargo si el fiscal general decide acusarme”, añadió Olmert en su comparecencia televisada.
Contra Olmert hay investigaciones abiertas en tres casos más de corrupción. Una de las investigaciones busca aclarar si Olmert, en sus tiempos como ministro de Comercio e Industria (2003-2005), ayudó a allegados a conseguir cargos políticos más altos y benefició a un amigo íntimo a través del departamento de inversiones de su Ministerio.
El tercer caso gira en torno a la compra de una casa en un barrio noble de Jerusalén por la que Olmert pagó un precio inusualmente bajo.
A finales de 2007, la Fiscalía renunció por falta de pruebas a presentar una acusación contra Olmert en relación a la privatización de un banco público.