Me llamó por teléfono el lunes. Hacía un tiempo largo que no hablábamos. Quiso saber de mis hijos y yo de los de ella. En medio de la conversación dijo: “Tengo cáncer de mama”. Le hice las preguntas de rigor: cuándo se lo detectaron, qué tan grave era y, mientras ella me respondía, la evoqué en la época en que la conocí, más de veinte años atrás, cuando ambas éramos estudiantes de periodismo en la UASD. La recordaba con su melena castaña oscura y sus ojos castaños claros. Una carita blanca y redonda que no sabía reírse con timidez sino a carcajadas.
Ella compartía el nombre con otra amiga de la promoción, así que cada vez que nos referíamos a una de las dos, teníamos que hacer la aclaración, “¿Nuris Benard o Liranzo?” Mi amiga, que ahora está enferma, es Nuris Bernard. Yo le decía “prima” porque era novia de Gregorio Estévez, un estudiante de derecho, no vidente, de quien se enamoró asistiendo como voluntaria para leer a personas ciegas. Se casaron en 1990. Gregorio murió nueve años después. Ya se había graduado de abogado, e incluso, realizó un postgrado, pero un síndrome que padecía, y que le había robado la luz de sus ojos, también le segó la vida.
Me enteré a través de terceros de la muerte de Gregorio. Supe que él y Nuris habían tenido dos hijos: una niña y un varón, que ahora tienen 20 y 18 años.
La niña heredó el síndrome de su padre. Fue cuando luchaba por salvarle la visión que Nuris vino a verme al periódico y retomamos el contacto. Las cosas en su vida no marchaban bien. Se graduó pero nunca ejerció. Su hija requería de una operación para frenar la ceguera en uno de sus ojos.
Perdieron la batalla con el ojo enfermo y un desafortunado accidente hizo que la muchacha quedara ciega por completo pues sufrió un golpe terrible en el más sano. Nuris le daba ánimo a su hija pero parece que, por dentro, su cuerpo acumuló demasiado dolor. El pasado 29 de octubre una biopsia reveló que padecía cáncer de mama. El diagnóstico es “carcinoma ductal infiltrante grado dos”. La están tratando en el Instituto de Oncología doctor Heriberto Pieter. Justo al lado de la universidad en cuyo patio solíamos reírnos como locas. Su récord médico es el 232162.
Le están aplicando quimioterapia antes de intentar una cirugía porque, si la operan sin someterla a la quimio, el tipo de cáncer que padece suele aparecer por otro lado.
El origen de la enfermedad, le explicaron, fue estrés. Nuris reconoce que después del diagnóstico se ha calmado, toma la vida con menos afán, pese a que ahora enfrenta una nueva batalla campal. Ella y sus dos hijos están desempleados. El tratamiento contra el cáncer es muy costoso, empezando por la quimioterapia y agregando todo lo que debe tomar para contrarrestar sus efectos devastadores. Me dijo, con su humor de siempre, “Amiga, ahora me he enterado que lo que mata no es el cáncer, es el tratamiento”. Me contó por teléfono que aquella melena castaña que siempre llevó, ya no está, se le calló. Pero eso es lo de menos, recuperar la salud, “aunque sea con peluca” es su sueño. Para lograrlo necesita ayuda. En el banco de Reservas tiene la cuenta 650000863-8. Su teléfono es 809 236-2414. Nuris vive en El Almirante.