El presidente John Fitzgerald Kennedy fue un precursor de la nueva ola de interés que en nuestros días mueve el mundo en todas las latitudes. Impregnó a su nación y al mundo de una espiritualidad que habría de influir tanto o más que sus logros de gobierno. Su reacción a la imagen de la presencia de ciudadanos norteamericanos en el exterior, y particularmente en los países en desarrollo, tal como se proyecta en el libro “The ugly american”, de Lederer y Burdick, fue la creación de una nueva diplomacia: El contacto de pueblo a pueblo, cara a cara.
El Presidente oficializó con la creación del Cuerpo de Paz un modo de interacción y de cooperación internacional no conocido ni puesto en práctica antes en ninguna época ni en ningún otro país. Fue la implementación de una política exterior que desbordó por su humanismo y espiritualidad a la tradicional diplomacia de salón y a la política exterior llamada de buena vecindad.
Fue ese acto el que materializó positivamente el idealismo con que John Kennedy marcó una nueva época en las relaciones internacionales y abrió un camino expedito, de dos vías, que dio paso al trato y conocimiento que los norteamericanos debían tener de otros pueblos y que a la vez las comunidades locales de distintos países pudiesen conocer directamente a los norteamericanos comunes de carne y hueso, sus sentimientos, conocimientos y habilidades para hacer cosas y así aprender enseñando.
Creo que el actual Director del Cuerpo de Paz, en República Dominicana, Romeo Massey, lo ha puesto magistralmente en sus palabras en el programa de esta actividad: “Peace Corps, Always Beginning”.
Estamos convencidos de que los jóvenes, de todas las edades, que se han integrado a las misiones del Cuerpo de Paz para servir, aprender y contribuir al desarrollo han hecho más por “vender” la auténtica imagen del pueblo de los Estados Unidos, que todos los esfuerzos diplomáticos tradicionales e inclusive más que los programas de publicidad para ofertar al turismo internacional la mejor imagen de los Estados Unidos, de su espléndida naturaleza, de su cultura, y de los logros materiales de esa gran nación.
El gobierno y el pueblo de la República Dominicana aprecian la presencia de los “muchachos y muchachas” del Cuerpo de Paz con la más sincera gratitud. En este nuevo trato con las relaciones entre ciudadanos comunes, sin cargos oficiales de gran prestigio y de salarios altos, la gente aprendió a aceptar y a amar a los norteamericanos por lo que son, en su gran mayoría, gente sencilla, servicial, con altos ideales y unas ganas inmensas de comprender y de ser comprendidos. En esas relaciones de los voluntarios con sus anfitriones se descubren las íntimas convicciones y los valores espirituales que animan a estos colaboradores.
No deseo terminar este artículo sin referirme por sus nombres propios a Chris Dodd y a Joe Kennedy que son ejemplos notables de ese recurso inestimable que es el Cuerpo de Paz.
Bienvenidos, pues, ahora como hace cuarenta y cinco años, y albergo la esperanza de que podamos celebrar por muchos años más su presencia colaborativa que se inicia y renueva con la llegada de nuevos voluntarios.
¡Bienvenidos!, reiteramos, y muchas gracias por su presencia, por su ayuda y por su amor a nuestra patria, expresado en el trato respetuoso, comprometido y amigable con nuestros ciudadanos más humildes y con quienes tienen mayor necesidad de apoyo solidario.
El autor es Secretario de Estado de Relaciones Exteriores